Camino 54 ruta 3; II
>> viernes, 12 de marzo de 2010
Al palpar la cercanía de la muerte,
vuelves los ojos a tu interior
y no encuentras más que banalidad,
porque los vivos,
comparados con los muertos,
resultamos insoportablemente banales.
Miguel Delibes Setién
(Valladolid, 17 de octubre de 1920 - † Valladolid, 12 de marzo de 2010)


Que idiota, se estaba dejándose llevar por el miedo.
Metió la mano en su bolsillo. La pantalla llevaba en letras grandes “Batería baja”. La barra de que señalaba el nivel de cobertura estaba completamente ausente. No podía marcar.
Continúo caminando en la oscuridad durante 20 minutos.
Su bolsillo vibro de nuevo. El teléfono advertía una vez más la ausencia de batería. La barra de señal variaba. Aumentaba y de nuevo descendía. Debía intentar hacer una llamada, antes de se acabara. Debía llamar a alguien que de verdad iría hasta ahí. Vibró una vez más. Había recibido un mensaje nuevo.
Había sido enviado a las 6:00 pm
Marcar.
El timbre de espera sonó un par de veces. Contesto la operadora, indicando que mandaría a buzón la llamada; marco de nuevo. Esta vez sonó un par de veces, y entonces.
Guardó silencio.
Escuchaba algunas risas y la respiración de dos personas.
Colgó.
Una corriente de ira inundo su cuerpo, ella siempre había sido así, nunca debió pensar que iba a ser diferente.
Marcó el único teléfono que conocía de memoria. El timbre del teléfono sonó de nuevo.
Una serie de escalofríos comenzaron a nacer de su espalda. La operadora de nuevo contestó enviándolo a buzón.
La golpeó y cerró sus ojos con toda la fe de que cuando los abriera la luz permanecería encendida. Repentinamente, vio una superficie casi lisa, en una oscuridad azulada. Refregó sus ojos para retirar el agua, inútilmente, puesto que la tormenta de nuevo le cubrió la cara. Abrió los ojos. La luz de la linterna permanecía encendida. Después de al menos una hora, estaba más tranquilo y comenzaba a pensar con mayor frialdad.
Ahora que lo pensaba. No recordaba el reporte de aquel lugar. Pero debía concentrarse en cómo salir de ahí, encontrar la forma de regresar. Lo mejor que podía hacer, era intentar cortar camino hacia la ultima desviación, puesto era lo más cercano, intentar llegar de vuelta hasta la ciudad le llevaría al menos un día y medio. Giró un poco a la izquierda y comenzó a correr en línea recta.
A esa velocidad ni si quiera podía ver el suelo con claridad, solo la imagen distorsionada de la luz de la linterna agitándose, iluminando las gruesas y continuas gotas de agua. Un par de minutos después, aminoró la marcha y continuo caminando, estaba seguro que había tenido algún progreso, puesto que había ido a una buena velocidad, seguramente ahora estaba lejos de…
Intento enfocar bien la vista, y retiro el agua en sus ojos. Una especie de charco se extendía frente a él, a la derecha, y a la izquierda, y crecía conforme apuntaba a los lados y mas lejos. No era cierto, no podía ser.
El agua ya agitada, comenzó a moverse todavía mas a sus pies, varias ondas llegaban del centro y los costados con brusquedad y prominencia.
¿Cómo es que había regresado ahí? llevaba horas alejándose.
Varios ruidos comenzaron a crecer conforme las ondas indicaban que lo que fuese, se estaba acercando, en dirección hacia a él.
Aun tenía balas, podía permanecer ahí, después de todo era un oficial de policía. A pesar de su temperatura, su cuerpo se heló, su corazón latía en sus oídos.
El parpadeo de nuevo. La luz de la linterna se apago y encendió tres veces. La golpeó, con
desesperación, los sonidos crecían. La luz se apagó.
Una serie de gritos guturales y grotescos estallaron. Podía sentir que estaban frente a él. Eran muchos.
Echo a correr, con todas sus fuerzas, mirando la profunda oscuridad, disparó hacia atrás descontrolado.
Sintiendo el agua golpear todo su cuerpo. Huyendo de los gritos, que se alejaban lentamente conforme escapaba de eso, ahora solo podía escuchar el agua en sus oídos, el latido de su corazón y su respiración exaltada.
Se había alejado. Aun no podía ver nada, y el miedo se había apoderado de su cuerpo y su alma.
Solo sabía una cosa.
Debía seguir adelante, no podía volver atrás, no podía encontrarse de nuevo con aquel lago, o mar lo que maldita sea fuese, tenía que alejarse. Arranco de su cuello el crucifijo que llevaba y lo sujeto con fuerza mientras continuaba caminando.
Se sentía tan desnudo e indefenso en la oscuridad. Como si cientos de miradas lo observaran burlonamente, con morbo, como un pequeño insecto al que puedes aplastar en el instante que desees, y lo ves, intentando desesperadamente escapar de ti, y pones el dedo frente a el, y corre hacia atrás, hacia un lado, y te causa placer, mirarlo sufrir, inferior. Entonces, arrancas una antena. Después una pata. Lentamente, tortura.
Podía escuchar algo. Música, al frente, en alguna parte, estaba cerca. Comenzó a correr como el insecto que ve por fin la salida, pero sabía que aun le observaban, en cualquier momento, podían ponerle fin. Pero no importaba, la música en el aire como la luz al final del túnel, sentía que su encuentro se hacía eterno, sus piernas estaban cansadas. Debía llegar. La música crecía, eran violines, por fin, estaba salvado. Sin embargo no veía luz alguna al frente, solo la música.
Llego.
Camino más lento, la música estaba ahí cerca, solo tenía que encontrarlo. Camino despacio con las manos al frente intentando tentalear algo, entonces, toco la húmeda y resbalosa
superficie de lo que parecía ser una construcción. Recorrió la construcción y continúo caminando hasta que el edificio se separo de sus manos. Se dirigió en línea recta, desesperado y temeroso de encontrar algo que no fuese una pared, o que pudiese tropezar, cualquier cosa. La música estaba ahí frente a el. Una superficie de plástico mojado toco su mano. Lo recorrió, la música provenía de ahí dentro. Encontró la manilla . La puerta estaba abierta.

Entro y cerro la puerta. Entonces un nuevo miedo lo baño desde la punta de su cabeza hasta los pies. Se había encerrado así mismo en una caseta en la oscuridad, aun sin ver nada, ¿solo?. Se replegó hacia la puerta y así, recorría la pared intentando provocar el menor silencio posible.
La pared no era muy larga, entonces, localizo el interruptor de la luz. Lo presionó, pero no sucedió nada. Intento varias veces, desesperado pero nada.
Su voz no hizo eco, debía ser un lugar pequeño.
Nada.
Tenia que intentarlo, de todas formas, era su única opción. Camino lentamente con la pistola apuntando al frente, como si caminara directamente hacia la boca de un animal gigante, que esperaba que entrarara por si mismo , y ser engullido .
Pudo ver en la mesa una botella vacía, una vieja radio, que tocaba música clásica, y un plato con comida echada a perder, habían algunas moscas sobre de ella.
Entonces, su cuerpo se relajó. Su cuello y su cabeza estaban muy doloridos a causa del estrés, pero era un alivio por fin ver algo.

vuelves los ojos a tu interior
y no encuentras más que banalidad,
porque los vivos,
comparados con los muertos,
resultamos insoportablemente banales.
Miguel Delibes Setién
(Valladolid, 17 de octubre de 1920 - † Valladolid, 12 de marzo de 2010)

No sabía qué diablos había sido eso, pero debía salir de ahí, fuese lo que fuese. Nada, el coche continuaba sin encender; aun tenia balas. Podía correr, internarse en la carretera, y no detenerse hasta la luz del sol. Pero le atraparía, no sabía dónde estaba.
La desviación.
Si lograba llegar hasta la última desviación, podría buscar ayuda. Pero si se alejaba demasiado del coche….
Abrió la portezuela lentamente y en silencio. Sin embargo había olvidado apagar el automóvil y este emitió un tintineo. Cerró la puerta de inmediato y echo a correr camino atrás. No podía ver nada más allá de sus pies y la intensa lluvia. Escuchar solo su respiración y el impacto del agua al estrellarse en el suelo, en sus oídos.
La desviación.
Si lograba llegar hasta la última desviación, podría buscar ayuda. Pero si se alejaba demasiado del coche….
Abrió la portezuela lentamente y en silencio. Sin embargo había olvidado apagar el automóvil y este emitió un tintineo. Cerró la puerta de inmediato y echo a correr camino atrás. No podía ver nada más allá de sus pies y la intensa lluvia. Escuchar solo su respiración y el impacto del agua al estrellarse en el suelo, en sus oídos.

Miraba a todos lados pero sin detenerse, corría lo más rápido que sus piernas y su condición física le permitían, impulsado por el pavor y la adrenalina. Se detuvo después de una hora. No sabía dónde estaba, aun no lograba ver el letrero de la desviación. Ni si quiera alguna indicación, nada.
Estaba solo en medio de aquel extraño lugar. Perdido.
Estaba solo en medio de aquel extraño lugar. Perdido.
Algo se movió dentro de su bolsillo. Paranoicamente dio un manotazo en su pierna, y la alumbro. No había nada.
Que idiota, se estaba dejándose llevar por el miedo.
Metió la mano en su bolsillo. La pantalla llevaba en letras grandes “Batería baja”. La barra de que señalaba el nivel de cobertura estaba completamente ausente. No podía marcar.
Continúo caminando en la oscuridad durante 20 minutos.
Su bolsillo vibro de nuevo. El teléfono advertía una vez más la ausencia de batería. La barra de señal variaba. Aumentaba y de nuevo descendía. Debía intentar hacer una llamada, antes de se acabara. Debía llamar a alguien que de verdad iría hasta ahí. Vibró una vez más. Había recibido un mensaje nuevo.
- Tengo todo listo, pasa mañana temprano. Así podremos divertirnos un poco antes del viaje. Besos. Angi.
Había sido enviado a las 6:00 pm
Marcar.
El timbre de espera sonó un par de veces. Contesto la operadora, indicando que mandaría a buzón la llamada; marco de nuevo. Esta vez sonó un par de veces, y entonces.
- ¿ Si?
- Angi. Por favor necesito que vengas por mí, estoy en el camino 54, toma la desviación a la izquierda, ruta 3.
- No te escucho
- Necesito tu ayuda.
- ¿Qué sucede, donde estas?
- Camino 54, desviación
- Estoy ocupada, además está lloviendo y tú sabes que no me gusta conducir así.
- Por favor, estoy en medio de la carretera.
- Deja el teléfono….Interrumpió una voz masculina del otro lado.
Guardó silencio.
Escuchaba algunas risas y la respiración de dos personas.
- Espera… creo que es importante.-Dijo la voz femenina.
Colgó.
Una corriente de ira inundo su cuerpo, ella siempre había sido así, nunca debió pensar que iba a ser diferente.
Marcó el único teléfono que conocía de memoria. El timbre del teléfono sonó de nuevo.
- Por favor contesta…
Una serie de escalofríos comenzaron a nacer de su espalda. La operadora de nuevo contestó enviándolo a buzón.
- Por favor, necesito que me ayudes, estoy en medio de la carretera, en el camino 54 en la desviación a la ruta 3, algo está sucediendo.
Colgó, pero la pantalla ya estaba apagada. Se había acabado la batería del teléfono repentinamente. Debía seguir caminando. No podía quedarse ahí, y arriesgarse a que lo atraparan, o lo que sea que pudiese suceder, no podía quedarse ahí. Continúo caminando sin un rumbo marcado. Sin poder ver, o sentir algo, cada parte de su cuerpo estaba demasiado fría, el agua helada comenzaba a hacer que algunos miembros se volvieran insensibles. Su desesperación crecía a cada minuto que pasaba, sin poder ver, o escuchar nada, gritar sería inútil, no sabía a dónde ir, ni que hacer.
Después de dos horas había dejado caer sus esperanzas de poder encontrar el camino a
cualquier lugar, después de todo, se encontraba a kilómetros de la ciudad más próxima, de cualquier persona que pudiese ayudarle, incluso si Angélica o Lila fuesen en su ayuda, seguramente estaría muy alejado de la carretera.
cualquier lugar, después de todo, se encontraba a kilómetros de la ciudad más próxima, de cualquier persona que pudiese ayudarle, incluso si Angélica o Lila fuesen en su ayuda, seguramente estaría muy alejado de la carretera.
Con dificultad logro ver las manecillas de su reloj. Marcaban las 2:47, la pesadilla estaba lejos de terminar. Sus pies estaban helados, húmedos, doloridos, sus nervios alterados a su mayor
grado. Su paranoia se había vuelto permanente. La luz de la linterna comenzó a parpadear.
grado. Su paranoia se había vuelto permanente. La luz de la linterna comenzó a parpadear.
- No puede estar sucediendo.
La golpeó y cerró sus ojos con toda la fe de que cuando los abriera la luz permanecería encendida. Repentinamente, vio una superficie casi lisa, en una oscuridad azulada. Refregó sus ojos para retirar el agua, inútilmente, puesto que la tormenta de nuevo le cubrió la cara. Abrió los ojos. La luz de la linterna permanecía encendida. Después de al menos una hora, estaba más tranquilo y comenzaba a pensar con mayor frialdad.
Ahora que lo pensaba. No recordaba el reporte de aquel lugar. Pero debía concentrarse en cómo salir de ahí, encontrar la forma de regresar. Lo mejor que podía hacer, era intentar cortar camino hacia la ultima desviación, puesto era lo más cercano, intentar llegar de vuelta hasta la ciudad le llevaría al menos un día y medio. Giró un poco a la izquierda y comenzó a correr en línea recta.
A esa velocidad ni si quiera podía ver el suelo con claridad, solo la imagen distorsionada de la luz de la linterna agitándose, iluminando las gruesas y continuas gotas de agua. Un par de minutos después, aminoró la marcha y continuo caminando, estaba seguro que había tenido algún progreso, puesto que había ido a una buena velocidad, seguramente ahora estaba lejos de…
Intento enfocar bien la vista, y retiro el agua en sus ojos. Una especie de charco se extendía frente a él, a la derecha, y a la izquierda, y crecía conforme apuntaba a los lados y mas lejos. No era cierto, no podía ser.
El agua ya agitada, comenzó a moverse todavía mas a sus pies, varias ondas llegaban del centro y los costados con brusquedad y prominencia.
¿Cómo es que había regresado ahí? llevaba horas alejándose.
Varios ruidos comenzaron a crecer conforme las ondas indicaban que lo que fuese, se estaba acercando, en dirección hacia a él.
Aun tenía balas, podía permanecer ahí, después de todo era un oficial de policía. A pesar de su temperatura, su cuerpo se heló, su corazón latía en sus oídos.
El parpadeo de nuevo. La luz de la linterna se apago y encendió tres veces. La golpeó, con
desesperación, los sonidos crecían. La luz se apagó.
Una serie de gritos guturales y grotescos estallaron. Podía sentir que estaban frente a él. Eran muchos.
Echo a correr, con todas sus fuerzas, mirando la profunda oscuridad, disparó hacia atrás descontrolado.
Sintiendo el agua golpear todo su cuerpo. Huyendo de los gritos, que se alejaban lentamente conforme escapaba de eso, ahora solo podía escuchar el agua en sus oídos, el latido de su corazón y su respiración exaltada.
Se había alejado. Aun no podía ver nada, y el miedo se había apoderado de su cuerpo y su alma.
Solo sabía una cosa.
Debía seguir adelante, no podía volver atrás, no podía encontrarse de nuevo con aquel lago, o mar lo que maldita sea fuese, tenía que alejarse. Arranco de su cuello el crucifijo que llevaba y lo sujeto con fuerza mientras continuaba caminando.
- Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga señor vuestro reino, hágase señor tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
- Dios mío, dios te salve María…..
Se sentía tan desnudo e indefenso en la oscuridad. Como si cientos de miradas lo observaran burlonamente, con morbo, como un pequeño insecto al que puedes aplastar en el instante que desees, y lo ves, intentando desesperadamente escapar de ti, y pones el dedo frente a el, y corre hacia atrás, hacia un lado, y te causa placer, mirarlo sufrir, inferior. Entonces, arrancas una antena. Después una pata. Lentamente, tortura.
Podía escuchar algo. Música, al frente, en alguna parte, estaba cerca. Comenzó a correr como el insecto que ve por fin la salida, pero sabía que aun le observaban, en cualquier momento, podían ponerle fin. Pero no importaba, la música en el aire como la luz al final del túnel, sentía que su encuentro se hacía eterno, sus piernas estaban cansadas. Debía llegar. La música crecía, eran violines, por fin, estaba salvado. Sin embargo no veía luz alguna al frente, solo la música.
Llego.
Camino más lento, la música estaba ahí cerca, solo tenía que encontrarlo. Camino despacio con las manos al frente intentando tentalear algo, entonces, toco la húmeda y resbalosa
superficie de lo que parecía ser una construcción. Recorrió la construcción y continúo caminando hasta que el edificio se separo de sus manos. Se dirigió en línea recta, desesperado y temeroso de encontrar algo que no fuese una pared, o que pudiese tropezar, cualquier cosa. La música estaba ahí frente a el. Una superficie de plástico mojado toco su mano. Lo recorrió, la música provenía de ahí dentro. Encontró la manilla . La puerta estaba abierta.

Entro y cerro la puerta. Entonces un nuevo miedo lo baño desde la punta de su cabeza hasta los pies. Se había encerrado así mismo en una caseta en la oscuridad, aun sin ver nada, ¿solo?. Se replegó hacia la puerta y así, recorría la pared intentando provocar el menor silencio posible.
La pared no era muy larga, entonces, localizo el interruptor de la luz. Lo presionó, pero no sucedió nada. Intento varias veces, desesperado pero nada.
- ¿Hola?.
Su voz no hizo eco, debía ser un lugar pequeño.
- ¿Hay alguien?.
Nada.
Tenia que intentarlo, de todas formas, era su única opción. Camino lentamente con la pistola apuntando al frente, como si caminara directamente hacia la boca de un animal gigante, que esperaba que entrarara por si mismo , y ser engullido .

Su cintura chocó con algo duro de pronto. Una bala escapo por instinto y estalló en la pared, que se encontraba justo frente a él. Como pudo palpó la mesa, y logro encontrar una vela, ya algo derretida. Un aroma fétido golpeo como un látigo su nariz de repente seguido de varios zumbidos. Se alejo de inmediato con la pistola al frente de nuevo, ya estaba harto. Entonces pisó algo, parecía ser una cajita. Cogió las cerillas, , estaban húmedas. Intento encenderlas, pero ninguna prendía mecha. Quedaban tres. Encendió una, y una pequeña y amarillenta luz ilumino un pequeño radio de distancia. Encendió la vela con cuidado, y camino con la pistola en la otra mano.
Pudo ver en la mesa una botella vacía, una vieja radio, que tocaba música clásica, y un plato con comida echada a perder, habían algunas moscas sobre de ella.
Entonces, su cuerpo se relajó. Su cuello y su cabeza estaban muy doloridos a causa del estrés, pero era un alivio por fin ver algo.














































12 SUSURROS:
Perdonar la extensión del relato, se que suele ser tedioso leer post tan largos.
Un beso y feliz fin de semana.
Capri
Leí ¿Perdonar? ¿Tedioso?.
Capri las buenas lecturas nunca se hacen tediosas. Ni por asomo digas eso. Intrigante historia, buena técnica. Espero pronto la continuación.
Un besote.
Bueno... yo lo he leido en dos ratitos, puesto que mi hijo estaba enredando!!!
Pues yo espero la 'tediosa' continuación!!!
;)
Besos!
¿Pero como puedes decir que es largo?
Se hace muy corto al leerlo, y nos vuelves a dejar con el alma en un puño.
Ya no es una novela negra, ¿es un relato de terror?
"Una serie de gritos guturales y grotescos estallaron ......"
Sea lo que sea es una pu__da quedarse asi.
Incorporas ademas, nuevos elementos en la acción. La chica, la casa.
En fin que se va a hacer larga la espera, asi que porfa please no nos tengas tantos dias en ascuas, que ni lo resistiremos nosotros, ni el pobre policia que se ha quedado esperando a que le mandes ayuda a la casa.
Muy buena trama, Maria
Besos
Quiero más de este relato "Tedioso"
Me tienes con el corazón acelerado, col el alma en un hilo, soy muy miedosa, y con las imagenes que pusiste me da más miedo.....
Capri te dejo besos con cariño...Que tengas un feliz fin de semana.
Me encuentro con un giro inesperado en lo que a contenido de tu blog se refiere.
Acabo de leer los dos capitulos y quiero decirte que son estupendos.
Mil disculpas por tardar tanto en volver, como te comenté en un correo hace tiempo me bloquearon la cuenta de blogger y luego tambien mi cuenta de correo, al final todo se ha resuelto via tribunales.
Un abrazo amiga, gracias por tu interes en todo momento.
Qué clima creaste! Un verdadero trhiller! No me gustaría ser el pobre policía, no seas mala y ayudalo please!!
Mirá que sos buena escribiendo!!!
Y ahora a esperar, como siempre...
BESOTES HERMOSA Y BUENA SEMANA!!
volvere con mas tiempo y confieso que debo releer el capítulo anterior.
No puedo no reparar en esta frase que encuentro en la cabecera de Delibes Setien, que se la copipastearía pero ese programita suyo me lo impide. Me fascinó.
Ultimamente cuanto texto llega a mis manos tiene que ver con la muerte, no por ello, dejan de ser de una suprema belleza. El sábado por ej. estuve en el Museo Larreta y a modo de teatro fragmentado de García Lorca no escapé tampoco del tema.
Al teatro lo había antecedido "El escribiente"...
Y Salinger con su pez plátano.
Amiguita, tan feo sonó mi comentario a Chinaski. Le aseguro que nada más lejano. Lo aprecio y admiro en demasía.
Me dejó aparte con la intriga de lo que pensaba ud, fuera de la influencia del resto. Como me dejó ya con la intriga del "No post" después que leyese el cuento de los pocillos de café de mi amado Benedetti ;)
Vuelvo más tarde
Un cariño
volvi. Leí los dos de corrido. Me agoté y desesperé a la par del personaje.
no causa tedio
lo que envuelve
entre sus letras
y hace transportarte
hasta el momento...
un beso hermosa dama!
Una pena no haber tenido el tiempo estos dias pasados para leer todo lo que habria querido, pero la espera valio la pena.
Tedioso o no, depende de la historia, no de lo largo, y esta continuacion te hace olvidar el significado de tedio.
Muy bueno chica, tampoco estaba acostumbrado a leer cosas asi en los blogs, no esn mis habituales al menos, asi que esto se agradece... y se hace peticion oficial para lo que sigue!!
Un besote guapa!
Preciosa la entrada del 17. Te felicito.
Un fuerte abrazo.
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